Influencer


Hoy he escuchado en la radio el inicio de una definición sobre influencer, me ha gustado cómo empezaba y me gustaría terminarla:

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Automat, de Edward Hopper.

Influencer es Madame Curie, Ramón y Cajal, el doctor Cavadas y el patrón de la lancha que rescata migrantes en el mar. Influencer son las bailarinas de Degas, el color del amanecer en los cuadros de Turner, los bares de Edward Hopper, las manos de La Piedad de Miguel Ángel. Influencer es Ibáñez, Maitena y El Roto. Influencer son los mundos de McCarthy; el padre en La Carretera, las noches de Meridiano de sangre, el policía de No es país para viejos. Influencer son los devaneos de Salinger en el Guardián entre el centeno, los versos de Alberti y la locura de Edward Bunker. Influencer es Mozart, Chopin, influencer puede ser Madonna. Influencer es Manu Brabo, Cristina García Rodero y el inigualable blanco y negro de Sebastião Salgado. Influencer es la voz de los documentales, influencer es la madre que se encarna en la leona, influencer es la manera en que los maestros nos enseñan como es el mundo.

Pero los que se hacen llamar influencer son, en realidad, una mierda.

Volar


Caminar por la terminal. Kilómetros de pasillos móviles. Ángulos rectos. Tiendas de licores, de perfumes, de libros, de moda. Restaurantes. Maletas pequeñas de cuatro ruedas. Prisas. Pequeñas conversaciones. Ambiente de viaje de trabajo. Algún niño despistado.

Camino con la mochila a la espalda, el teléfono en una mano y la otra en el bolsillo. Necesito sentir el teléfono o no voy tranquilo. Aún así, lo miro de vez en cuando, toco el botón de la pantalla y compruebo si hay mensajes. Nada. Sigo caminando.img_4153 Sigue leyendo

Mallorca 2016


Al final creo que todo ha sido un poco mejor de lo que esperábamos. Quería hacernos un regalo en forma de vacaciones en la playa. Tenía que alquilar una casa en Mallorca para trabajar, pero eso era a partir de septiembre, la idea fue hacerlo un poco antes y así nos tomábamos esas vacaciones. Tenía dudas en todos los sentidos, pero mira tú por donde toda ha salido mejor de lo esperado. Hemos descubierto una isla maravillosa donde vamos a tener una segunda casa, esa casa está pegada a la playa, a una playa tranquila y muy limpia, como casi todas las de aquí. Vemos el mar desde el balcón y tenemos unos vecinos de los normales, con niños que juegan con Raquel y que gritan mucho, pero que no molestan. Los cambios siempre conllevan algo de incertidumbre y también una sensación que se parece al miedo. La intención es siempre cambiar a mejor, pero adaptarse puede resultar difícil. Aquí no ha sido así, y todos estamos deseando volver. Yo lo haré cada semana para trabajar, pero cualquier fin de semana será una excusa perfecta para hacerlo de nuevo todos juntos.

Manolo Tena


En el año 1992 firmé la independencia de mis padres. Emigré a un apartamento en Las Rozas con una habitación y cocina americana. El amor de toda mi vida vino conmigo y allí compartimos nuestros primeros días emancipados. Los olores de aquel lugar, de sus muebles usados, del ascensor moderno, de la moqueta de la habitación, permanecen en mi mente. Y también lo hacen los sonidos. Aquel verano disfrutamos de la piscina del edificio, que estaba en un patio interior. El edificio parecía estar ocupado exclusivamente por adultos y en los momentos de ocio se oía algún que otro chapoteo y conversaciones en voz baja. Nada de gritos de críos. La ventana abierta, la cortina barata ondeando, los sonidos callados de la piscina, parece que estoy ahora mismo ahí, en ese pequeño salón con cocina americana. Sigue leyendo

El despertar de la fuerza


Hace mucho que no me paso por aquí. He tenido la cabeza en otras cosas. Cosas que no me han dejado compartirla. Buscarse uno la vida y así. Es algo que estresa mucho, que absorbe y que paraliza. Y que no he tenido ganas ni ánimo para nada más que no fuera el trabajo. La excusa para volver ha sido la cuarta parte, porque para mi las otras tres no existen, de “La Guerra de las Galaxias”: “El despertar de la fuerza”.

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Memoria


Tenía delante una luz cegadora parecida a estar mirando directamente al sol. Todo estaba sobre expuesto. Los sonidos llegaban poco a poco. Sonidos de voces, de risas, de motores. Como el despertar de un zombi, todo alrededor se hacía extraño e irreal. Las palabras no sonaban en mi cabeza. Pronunciadas como al vacío, dirigidas a personas reconocibles pero extrañas a la vez. Todas pertenecían a mi entorno, las había visto antes, sabía quienes eran, pero un espacio gigante me separaba de ellas en ese momento. Les hablaba y no me oía. Me hablaban y no les entendía.

Alguien inalcanzable, una luz potente, un lugar inhóspito. No hay memoria.

Alguien inalcanzable, una luz potente, un lugar inhóspito. No hay memoria.

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Campeonato de España de Motocross 2014 categoría Máster


Se me ocurren un montón de citas de poderosos pensadores para iniciar este relato/crónica, todas ellas destinadas a describir lo dura que es la vida. Pero no voy a poner ninguna. Sería simplificar mucho las cosas y entrar a generalizar, y no es el caso. Lo cierto es que a principios de año decidí hacer las cuatro pruebas del campeonato de España de veteranos, o máster, que queda más moderno, y me apetece contar un poco la experiencia. No digo que fuera mala idea ni que no haya valido la pena ni que no haya aprendido nada, digo que es tan duro, tan exigente, tan estresante, tan peligroso que no me han quedado ganas de repetir.

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Buceo (parte II)


El mar, la mar. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la Tierra. Abundancia extraordinaria de ciertas cosas. Hay mar ancha, mar arbolada, mar cerrada, mar de fondo, mar larga, mar tendida. El mar, la mar, tiene la capacidad de potenciar la tristeza si estás triste y de aumentar la alegría si estás contento. Es fácil quedarse absorto mirándola. Es un enigma, una fuerza casi indescriptible, un lugar siempre inhóspito. Bucear en él es conocerlo un poco mejor. Pasear por su fondo nos convierte en seres aún más pequeños y más insignificantes. Contemplar el paisaje submarino nos permite imaginar otros mundos y otros seres, creernos lejos de cualquier parte y mas cerca de la naturaleza. En una inmersión submarina hace menos falta que el instructor te avise de los peligros porque uno, por novato que sea, se acojona sin ayuda. La lancha ya te pone en ambiente. Veía yo una mar tranquila (mar tendida) desde el hotel. Un lago, pensé. Pasar por la bocana del puerto y cambiar la película que había visto desde la ventana fue todo uno. Algunas olas batían bajo el casco de la lancha haciéndola oscilar en la superficie. El azul clarito iba a azul añil a medida que nos alejábamos del puerto. Los preparativos para la inmersión en una barca aconsejan haberse tomado un par de Biodraminas, cuando menos. La barca parada oscila y uno se centra en ponerse el chaleco con la botella, en comprobar el equipo del compañero (yo el de mi hija, haciéndolo tan concienzudamente que descuidaba el mío), en escuchar las indicaciones del instructor (siempre Gonzalo). Al rato uno ya no sabe si está en una barca o en un tiovivo, y si tiene tendencia al mareo está acabado. No es mi caso, y salvé los muebles sin la Biodramina, pero muy incómodo por el traje, el peso y mi torpeza.

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