Canadá, de Richard Ford


 

Hay libros que empiezan enseguida, no hace falta darles un tiempo ni esperar a completar algunas páginas, las primeras líneas son suficientes para encontrarnos el corazón. Acabo de leer uno de esos libros y aun estoy recuperándome de la lectura y de las emociones. Se titula Canadá y lo escribió Richard Ford. Lo compré a instancias de Elvira Lindo, que lo recomendaba en El País. Si no hubiera sido por eso, y porque iTunes te permite leer las primeras páginas gratis, quizá nunca lo hubiera comprado, porque nada más leer la sinopsis hubiera huido de una historia así. Sigue leyendo

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Luisito


Luisito era un chaval especial. Yo le conocí una tarde de agosto y desde el principio me dejó flipado. Le vi pasar cerca de casa cargado con varias latas de conserva de tamaño industrial más un tambor de detergente Colón vacío. En el cinto llevaba una bolsa atada que contenía varios palos de varios tamaños que le estorbaban para andar. Salí a la puerta a ver adonde iba y vi que paraba detrás de mi casa, justo al lado de las escuelas, en un pequeño talud. Sigue leyendo

Arte en Mallorca.


Cerca de mi oficina he localizado una galería de arte, una más, en Palma.

En la calle Sant Feliu hay varias bastante buenas y también cerca de la Plaza Mayor y en el barrio de Cort; el caso histórico está lleno. Los escaparates de estos locales dan un toque especial a las calles. En realidad los objetos que en ellos se muestran las decoran. La mayoría son galerías de arte moderno, con mucho color y mucha fuerza. Así, el casco antiguo de Palma en invierno, bastante más vacío que en verano, se alumbra con cuadros pos modernos, figuras de animales de colores, retratos de Marilyn y de Chaplin como los hubiera hecho Warhol, y luces blancas que iluminan espacios blancos minimalistas. Incluso hay escenas taurinas muy potentes e irreales. No digo que sea como pasear por un gran museo, no hay que exagerar, pero si uno tiene suerte o conoce la ciudad, el paseo puede recopilar contrastes tan interesantes como mezclar fachadas del siglo XVI con obras muy kirsch muy art nouveau muy modernistas. No son obras originales, que no cunda el pánico, nadie va a encontrar un Klimt o un Hopper, tampoco hay Banksys o Dalís, pero los escaparates vomitan el estilo de estos artistas y Palma oculta un gusto por el contraste imposible de ver en los primeros paseos y más fácil de disfrutar cuando uno convive con la ciudad todo el año.

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Cosas que marcan II.


Mi padre trabajaba en “la empresa”. Allí, a veces, iba a horas intempestivas: fines de semana, noches, fiestas. Hacía turnos. Se encargaba de que el edificio principal de “la empresa” funcionara con normalidad. Trabajaba en una especie de cuadro de control al que llegó después de, por lo visto, participar en la construcción del edificio; era electricista.

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Influencer


Hoy he escuchado en la radio el inicio de una definición sobre influencer, me ha gustado cómo empezaba y me gustaría terminarla:

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Automat, de Edward Hopper.

Influencer es Madame Curie, Ramón y Cajal, el doctor Cavadas y el patrón de la lancha que rescata migrantes en el mar. Influencer son las bailarinas de Degas, el color del amanecer en los cuadros de Turner, los bares de Edward Hopper, las manos de La Piedad de Miguel Ángel. Influencer es Ibáñez, Maitena y El Roto. Influencer son los mundos de McCarthy; el padre en La Carretera, las noches de Meridiano de sangre, el policía de No es país para viejos. Influencer son los devaneos de Salinger en el Guardián entre el centeno, los versos de Alberti y la locura de Edward Bunker. Influencer es Mozart, Chopin, influencer puede ser Madonna. Influencer es Manu Brabo, Cristina García Rodero y el inigualable blanco y negro de Sebastião Salgado. Influencer es la voz de los documentales, influencer es la madre que se encarna en la leona, influencer es la manera en que los maestros nos enseñan como es el mundo.

Pero los que se hacen llamar influencer son, a menudo, una mierda.

Volar


Caminar por la terminal. Kilómetros de pasillos móviles. Ángulos rectos. Tiendas de licores, de perfumes, de libros, de moda. Restaurantes. Maletas pequeñas de cuatro ruedas. Prisas. Pequeñas conversaciones. Ambiente de viaje de trabajo. Algún niño despistado.

Camino con la mochila a la espalda, el teléfono en una mano y la otra en el bolsillo. Necesito sentir el teléfono o no voy tranquilo. Aún así, lo miro de vez en cuando, toco el botón de la pantalla y compruebo si hay mensajes. Nada. Sigo caminando.img_4153 Sigue leyendo